España reduce un 3,4% los fallecidos por incendio en 2025, pero la mortalidad en viviendas sigue alta. Menos víctimas mortales, pero demasiadas vidas perdidas dentro de casa.
España cerró 2025 con una ligera mejora en las cifras de mortalidad por incendios y explosiones. Un total de 226 personas perdieron la vida, frente a las 234 registradas durante 2024, lo que supone un descenso del 3,4 %. Aunque se trata del segundo año consecutivo con una reducción de las víctimas mortales, los datos mantienen una preocupación evidente: los incendios que se producen en viviendas continúan teniendo consecuencias especialmente graves.
De las personas fallecidas, 165 murieron en sus propios hogares, un 4,1 % menos que el año anterior. En total, se contabilizaron 205 incendios mortales y en el 91,7 % de ellos murió una sola persona. Las cifras reflejan que el peligro no siempre está en grandes siniestros, sino también en fuegos que se desarrollan dentro de una casa y pueden sorprender a sus ocupantes.
El humo provoca siete de cada diez muertes
Las llamas no son el único peligro cuando se declara un incendio. De hecho, la intoxicación por humo fue la principal causa de fallecimiento, con 158 víctimas, equivalentes al 69,9 % del total. Las quemaduras ocuparon el segundo lugar, con 46 muertes.
La situación resulta todavía más preocupante en los hogares. Allí, la inhalación de humo causó 132 de los 165 fallecimientos, es decir, el 80 %. Cuando se consiguió determinar el origen del fuego, los problemas eléctricos encabezaron las causas identificadas, con un 36,9 %, seguidos de los aparatos de calor, con un 22,6 %.
¿Qué significa esto para ti? Que un incendio puede convertirse en una amenaza mortal mucho antes de que las llamas alcancen toda la vivienda. El humo puede propagarse rápidamente y dificultar tanto la respiración como la salida del inmueble, especialmente durante las horas de descanso.
Las personas mayores y quienes viven solos afrontan más riesgos
La edad y las circunstancias de convivencia también ayudan a explicar la distribución de las víctimas. Las personas mayores de 64 años sumaron 80 fallecimientos en viviendas, el 48,5 % del total registrado en estos espacios.
Vivir solo constituye otro factor de vulnerabilidad. La tasa de mortalidad por incendios domésticos entre quienes vivían sin compañía alcanzó los 8,72 fallecidos por millón de habitantes, frente a los 1,77 correspondientes a las personas que convivían con otras.
La diferencia es considerable. Si una persona sufre una caída, no escucha una alarma o tiene dificultades para abandonar una habitación, la ausencia de alguien que pueda auxiliarla puede agravar la situación. Por eso, adaptar las medidas de seguridad a las necesidades de cada hogar resulta especialmente relevante para las personas mayores.
La madrugada concentra las horas más peligrosas
Si hay un momento del día que merece atención, es la noche. Durante 2025, 83 personas murieron en incendios ocurridos en viviendas durante esas horas, frente a las 77 víctimas contabilizadas durante el día.
El tramo comprendido entre las doce de la noche y las cuatro de la madrugada fue el más mortífero, con 33 fallecidos. Mientras duermes, puedes tardar más en percibir un olor extraño, advertir la presencia de humo o reaccionar ante un fuego que comienza en otra estancia.
Contar con vías de salida despejadas y revisar el estado de los equipos eléctricos son medidas que pueden ayudar a reducir riesgos. También conviene evitar que estufas y otros aparatos de calor permanezcan cerca de cortinas, mantas o muebles combustibles.
Andalucía registra más víctimas y Extremadura presenta la mayor tasa
Las diferencias territoriales muestran que la mortalidad no se distribuye de manera uniforme. Andalucía encabezó el número de fallecidos por incendios y explosiones, con 51 víctimas, 42 de ellas en viviendas. Cataluña ocupó el siguiente lugar, con 34 muertes en el conjunto de los siniestros.
Sin embargo, al relacionar las cifras con la población, Extremadura registró las tasas más elevadas: 11,39 fallecidos por millón de habitantes por incendios y explosiones, y 8,54 por millón en incendios domésticos.
Estas cifras permiten distinguir entre el número absoluto de víctimas y el riesgo proporcional a la población. Ambos indicadores aportan información útil para orientar las campañas informativas y mejorar la seguridad en los hogares. Consulta otros artículos de investigación y reportajes en westerostoday.es.
Qué puedes hacer para proteger tu vivienda frente al fuego
Si quieres reducir los riesgos en casa, hay varias medidas que puedes incorporar a tu rutina. La primera es comprobar periódicamente enchufes, cables y aparatos eléctricos, sin sobrecargar las regletas ni utilizar equipos que presenten daños visibles.
También puedes valorar la instalación de un extintor para casa, siempre que el modelo elegido sea adecuado para los riesgos presentes y puedas utilizarlo con seguridad. Tenerlo localizado y conocer sus instrucciones es tan importante como disponer de él. Si el fuego se extiende o genera mucho humo, no intentes combatirlo: sal de la vivienda, avisa a los servicios de emergencia y no vuelvas a entrar.
Elegir el equipo adecuado y saber cuándo actuar
Antes de comprar extintor, conviene comprobar qué tipos de fuego puede combatir el equipo, cómo debe mantenerse y dónde se colocará para que resulte accesible. No todos los modelos sirven para los mismos materiales, por lo que elegir sin tener en cuenta las características de la vivienda puede reducir su utilidad.
El extintor no sustituye a las medidas de detección temprana
Fundación Mapfre y la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos (APTB) han reclamado extender los detectores de humo a todas las viviendas y reforzar la formación ciudadana. Un detector de humos optico puede advertir de la presencia de partículas de humo y activar una alarma antes de que los ocupantes detecten el incendio por sí mismos. Su ubicación y mantenimiento deben ajustarse a las instrucciones del fabricante.
La detección temprana, una medida decisiva para evitar más muertes
Los datos de 2025 dejan una conclusión clara: reducir el número de víctimas es posible, pero las cifras domésticas siguen exigiendo atención. La elevada proporción de fallecimientos por inhalación de humo y la especial vulnerabilidad de quienes viven solos refuerzan la necesidad de actuar antes de que el fuego impida escapar.
Mejorar la seguridad eléctrica, detectar el humo a tiempo y disponer de una ruta de salida despejada son medidas que pueden marcar la diferencia. La reducción de la mortalidad será más sólida si estas precauciones llegan a todos los hogares, especialmente a aquellos donde una alarma temprana puede resultar determinante para salvar una vida.